Guía para el examen de dispensación - Gestión 2020

PARA LOS ESTUDIANTES QUE SE PRESENTEN AL EXAMEN DE INGRESO A LA CARRERA DE LITERATURA DE LA UMSA.

GESTIÓN 2020

 

El examen se realizará el sábado 14 de diciembre de 10: 00 a 13:00 en el aula Marcelo Quiroga Santa Cruz de la Casa Montes, ubicada en la Av. 6 de agosto No 2080.  Para obtener el formulario y el compromiso deben hacer clic en este enlace: Sistema Preuniversitario - UMSA.

Están habilitados para rendir este examen final, los estudiantes que cumplieron con las exigencias del Curso: asistencia, presentación de trabajos, etc.

El examen evalúa las competencias de lectura y escritura. El examen pide la escritura de dos párrafos, uno de resumen y otro de interpretación, a partir del análisis de un texto breve  de ficción (ver el ejemplo de más adelante).

La tolerancia de retraso en el día del examen es de 15 minutos.

Para su identificación, es indispensable que todo postulante lleve su cédula de identidad.

 

Ejemplo:

Se toma como ejemplo el último examen del Curso Preuniversitario de la Carrera de Literatura.

 

CARRERA DE LITERATURA

CURSO PREUNIVERSITARIO     

EXAMEN FINAL

 

Consignas:

 

  1. Escriba un párrafo de resumen de 200 palabras del cuento “Emma Zunz” de Jorge Luis Borges. (30 puntos).
  2. Con un mínimo de 250 palabras, escriba un párrafo de interpretación del mismo cuento. (70 puntos).

 

Emma Zunz

Jorge Luis Borges

El catorce de enero de 1922, Emma Zunz, al volver de la fábrica de tejidos Tarbuch y Loewenthal, halló en el fondo del zaguán una carta, fechada en el Brasil, por la que supo que su padre había muerto. La engañaron, a primera vista, el sello y el sobre; luego, la inquietó la letra desconocida. Nueve diez líneas borroneadas querían colmar la hoja; Emma leyó que el señor Maier había ingerido por error una fuerte dosis de veronal y había fallecido el tres del corriente en el hospital de Bagé. Un compañero de pensión de su padre firmaba la noticia, un tal Fein o Fain, de Río Grande, que no podía saber que se dirigía a la hija del muerto.

Emma dejó caer el papel. Su primera impresión fue de malestar en el vientre y en las rodillas; luego de ciega culpa, de irrealidad, de frío, de temor; luego, quiso ya estar en el día siguiente. Acto continuo comprendió que esa voluntad era inútil porque la muerte de su padre era lo único que había sucedido en el mundo, y seguiría sucediendo sin fin. Recogió el papel y se fue a su cuarto. Furtivamente lo guardó en un cajón, como si de algún modo ya conociera los hechos ulteriores. Ya había empezado a vislumbrarlos, tal vez; ya era la que sería.

En la creciente oscuridad, Emma lloró hasta el fin de aquel día del suicidio de Manuel Maier, que en los antiguos días felices fue Emanuel Zunz. Recordó veraneos en una chacra, cerca de Gualeguay, recordó (trató de recordar) a su madre, recordó la casita de Lanús que les remataron, recordó los amarillos losanges de una ventana, recordó el auto de prisión, el oprobio, recordó los anónimos con el suelto sobre “el desfalco del cajero”, recordó (pero eso jamás lo olvidaba) que su padre, la última noche, le había jurado que el ladrón era Loewenthal. Loewenthal, Aarón Loewenthal, antes gerente de la fábrica y ahora uno de los dueños. Emma, desde 1916, guardaba el secreto. A nadie se lo había revelado, ni siquiera a su mejor amiga, Elsa Urstein. Quizá rehuía la profana incredulidad; quizá creía que el secreto era un vínculo entre ella y el ausente. Loewenthal no sabía que ella sabía; Emma Zunz derivaba de ese hecho ínfimo un sentimiento de poder.

No durmió aquella noche, y cuando la primera luz definió el rectángulo de la ventana, ya estaba perfecto su plan. Procuró que ese día, que le pareció interminable, fuera como los otros. Había en la fábrica rumores de huelga; Emma se declaró, como siempre, contra toda violencia. A las seis, concluido el trabajo, fue con Elsa a un club de mujeres, que tiene gimnasio y pileta. Se inscribieron; tuvo que repetir y deletrear su nombre y su apellido, tuvo que festejar las bromas vulgares que comentan la revisación. Con Elsa y con la menor de las Kronfuss discutió a qué cinematógrafo irían el domingo a la tarde. Luego, se habló de novios y nadie esperó que Emma hablara. En abril cumpliría diecinueve años, pero los hombres le inspiraban, aún, un temor casi patológico… De vuelta, preparó una sopa de tapioca y unas legumbres, comió temprano, se acostó y se obligó a dormir. Así, laborioso y trivial, pasó el viernes quince, la víspera.

El sábado, la impaciencia la despertó. La impaciencia, no la inquietud, y el singular alivio de estar en aquel día, por fin. Ya no tenía que tramar y que imaginar; dentro de algunas horas alcanzaría la simplicidad de los hechos. Leyó en La Prensa que el Nordstjärnan, de Malmö, zarparía esa noche del dique 3; llamó por teléfono a Loewenthal, insinuó que deseaba comunicar, sin que lo supieran las otras, algo sobre la huelga y prometió pasar por el escritorio, al oscurecer. Le temblaba la voz; el temblor convenía a una delatora. Ningún otro hecho memorable ocurrió esa mañana. Emma trabajó hasta las doce y fijó con Elsa y con Perla Kronfuss los pormenores del paseo del domingo. Se acostó después de almorzar y recapituló, cerrados los ojos, el plan que había tramado. Pensó que la etapa final sería menos horrible que la primera y que le depararía, sin duda, el sabor de la victoria y de la justicia. De pronto, alarmada, se levantó y corrió al cajón de la cómoda. Lo abrió; debajo del retrato de Milton Sills, donde la había dejado la antenoche, estaba la carta de Fain. Nadie podía haberla visto; la empezó a leer y la rompió.

Referir con alguna realidad los hechos de esa tarde sería difícil y quizá improcedente. Un atributo de lo infernal es la irrealidad, un atributo que parece mitigar sus terrores y que los agrava tal vez. ¿Cómo hacer verosímil una acción en la que casi no creyó quien la ejecutaba, cómo recuperar ese breve caos que hoy la memoria de Emma Zunz repudia y confunde? Emma vivía por Almagro, en la calle Liniers; nos consta que esa tarde fue al puerto. Acaso en el infame Paseo de Julio se vio multiplicada en espejos, publicada por luces y desnudada por los ojos hambrientos, pero más razonable es conjeturar que al principio erró, inadvertida, por la indiferente recova… Entró en dos o tres bares, vio la rutina o los manejos de otras mujeres. Dio al fin con hombres del Nordstjärnan. De uno, muy joven, temió que le inspirara alguna ternura y optó por otro, quizá más bajo que ella y grosero, para que la pureza del horror no fuera mitigada. El hombre la condujo a una puerta y después a un turbio zaguán y después a una escalera tortuosa y después a un vestíbulo (en el que había una vidriera con losanges idénticos a los de la casa en Lanús) y después a un pasillo y después a una puerta que se cerró. Los hechos graves están fuera del tiempo, ya porque en ellos el pasado inmediato queda como tronchado del porvenir, ya porque no parecen consecutivas las partes que los forman.

¿En aquel tiempo fuera del tiempo, en aquel desorden perplejo de sensaciones inconexas y atroces, pensó Emma Zunz una sola vez en el muerto que motivaba el sacrificio? Yo tengo para mí que pensó una vez y que en ese momento peligró su desesperado propósito. Pensó (no pudo no pensar) que su padre le había hecho a su madre la cosa horrible que a ella ahora le hacían. Lo pensó con débil asombro y se refugió, en seguida, en el vértigo. El hombre, sueco o finlandés, no hablaba español; fue una herramienta para Emma como esta lo fue para él, pero ella sirvió para el goce y él para la justicia.

Cuando se quedó sola, Emma no abrió en seguida los ojos. En la mesa de luz estaba el dinero que había dejado el hombre: Emma se incorporó y lo rompió como antes había roto la carta. Romper dinero es una impiedad, como tirar el pan; Emma se arrepintió, apenas lo hizo. Un acto de soberbia y en aquel día… El temor se perdió en la tristeza de su cuerpo, en el asco. El asco y la tristeza la encadenaban, pero Emma lentamente se levantó y procedió a vestirse. En el cuarto no quedaban colores vivos; el último crepúsculo se agravaba. Emma pudo salir sin que lo advirtieran; en la esquina subió a un Lacroze, que iba al oeste. Eligió, conforme a su plan, el asiento más delantero, para que no le vieran la cara. Quizá le confortó verificar, en el insípido trajín de las calles, que lo acaecido no había contaminado las cosas. Viajó por barrios decrecientes y opacos, viéndolos y olvidándolos en el acto, y se apeó en una de las bocacalles de Warnes. Paradójicamente su fatiga venía a ser una fuerza, pues la obligaba a concentrarse en los pormenores de la aventura y le ocultaba el fondo y el fin.

Aarón Loewenthal era, para todos, un hombre serio; para sus pocos íntimos, un avaro. Vivía en los altos de la fábrica, solo. Establecido en el desmantelado arrabal, temía a los ladrones; en el patio de la fábrica había un gran perro y en el cajón de su escritorio, nadie lo ignoraba, un revólver. Había llorado con decoro, el año anterior, la inesperada muerte de su mujer -¡una Gauss, que le trajo una buena dote!-, pero el dinero era su verdadera pasión. Con íntimo bochorno se sabía menos apto para ganarlo que para conservarlo. Era muy religioso; creía tener con el Señor un pacto secreto, que lo eximía de obrar bien, a trueque de oraciones y devociones. Calvo, corpulento, enlutado, de quevedos ahumados y barba rubia, esperaba de pie, junto a la ventana, el informe confidencial de la obrera Zunz.

La vio empujar la verja (que él había entornado a propósito) y cruzar el patio sombrío. La vio hacer un pequeño rodeo cuando el perro atado ladró. Los labios de Emma se atareaban como los de quien reza en voz baja; cansados, repetían la sentencia que el señor Loewenthal oiría antes de morir.

Las cosas no ocurrieron como había previsto Emma Zunz. Desde la madrugada anterior, ella se había soñado muchas veces, dirigiendo el firme revólver, forzando al miserable a confesar la miserable culpa y exponiendo la intrépida estratagema que permitiría a la Justicia de Dios triunfar de la justicia humana. (No por temor, sino por ser un instrumento de la Justicia, ella no quería ser castigada.) Luego, un solo balazo en mitad del pecho rubricaría la suerte de Loewenthal. Pero las cosas no ocurrieron así.

Ante Aarón Loewenthal, más que la urgencia de vengar a su padre, Emma sintió la de castigar el ultraje padecido por ello. No podía no matarlo, después de esa minuciosa deshonra. Tampoco tenía tiempo que perder en teatralerías. Sentada, tímida, pidió excusas a Loewenthal, invocó (a fuer de delatora) las obligaciones de la lealtad, pronunció algunos nombres, dio a entender otros y se cortó como si la venciera el temor. Logró que Loewenthal saliera a buscar una copa de agua. Cuando este, incrédulo de tales aspavientos, pero indulgente, volvió del comedor, Emma ya había sacado del cajón el pesado revólver. Apretó el gatillo dos veces. El considerable cuerpo se desplomó como si los estampidos y el humo lo hubieran roto, el vaso de agua se rompió, la cara la miró con asombro y cólera, la boca de la cara la injurió en español y en ídisch. Las malas palabras no cejaban; Emma tuvo que hacer fuego otra vez. En el patio, el perro encadenado rompió a ladrar, y una efusión de brusca sangre manó de los labios obscenos y manchó la barba y la ropa. Emma inició la acusación que había preparado (“He vengado a mi padre y no me podrán castigar…”), pero no la acabó, porque el señor Loewenthal ya había muerto. No supo nunca si alcanzó a comprender.

Los ladridos tirantes le recordaron que no podía, aún, descansar. Desordenó el diván, desabrochó el saco del cadáver, le quitó los quevedos salpicados y los dejó sobre el fichero. Luego tomó el teléfono y repitió lo que tantas veces repetiría, con esas y con otras palabras: Ha ocurrido una cosa que es increíble… El señor Loewenthal me hizo venir con el pretexto de la huelga… Abusó de mí, lo maté…

La historia era increíble, en efecto, pero se impuso a todos, porque sustancialmente era cierta. Verdadero era el tono de Emma Zunz, verdadero el pudor, verdadero el odio. Verdadero también era el ultraje que había padecido; solo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios.

FIN

Notas:

-Para identificarse escriba en la hoja de examen sólo el número de su cédula de identidad (si escribe su nombre, su examen quedará anulado).

-Escriba con letra clara y con bolígrafo azul o negro.

-Al final de cada uno de los párrafos anote el número de palabras.

RESPUESTAS:

Resumen de “Emma Zunz”

 

El cuento “Emma Zunz” de Jorge Luis Borges narra la historia de la venganza de Emma Zunz hacia Lowenthal, el dueño de la fábrica donde ella trabaja que habría sido, según su padre, el causante de un pasado desfalco en dicha fábrica. El relato comienza cuando Emma recibe una carta que anuncia la muerte de su padre. Él, que ya no vivía con ella sino en Brasil desde que fue culpado por desfalco, le había contado, antes de irse, que Lowenthal era el verdadero ladrón. La noticia de defunción la conmociona y, sin poder dormir, solo llorar, esa noche elabora su plan de venganza contra Lowenthal. Ella había guardado hasta ese momento el secreto, pero decide revelarlo al mismo Lowenthal y luego matarlo. Como primer paso de su plan, llama a Lowenthal para anunciar que al anochecer lo visitará en su oficina para comentarle algo sobre una huelga que se amenazaba en la fábrica. Antes de ello, no obstante, se dirige a un puerto donde, a cambio de dinero, pero sobre todo en busca de una experiencia de horror, tiene relaciones sexuales con un hombre extranjero. A continuación, se dirige a la fábrica donde está Lowenthal, lo mata y, no como ella quería, este parece no entender la razón. El cuerpo yace en la oficina y Emma realiza una llamada afirmando que Lowenthal la citó, abusó de ella y ella tuvo que matarlo. El cuento termina afirmando la veracidad de la constatación de Emma a no ser por “las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios”.

(256 palabras)

Emma Zunz y  el narrador (párrafo de interpretación)

 

En el cuento “Emma Zunz” de Jorge Luis Borges, el narrador trabaja en dos niveles narrativos que evitan que el lector pueda tener certeza de las razones que tiene Emma para llevar a cabo el crimen. Los dos niveles narrativos a los que nos referimos son: la narración de la historia de Emma y el comentario que el mismo narrador realiza sobre los hechos. El narrador trabaja con estos dos niveles de manera indistinta a lo largo de todo el cuento. En un primer nivel, el narrador conoce a cabalidad los pormenores de la historia que nos cuenta, tanto los hechos como lo que piensa la protagonista a medida que transcurre la historia. Un ejemplo es la descripción  de lo ocurrido el día de la víspera del asesinato, “[n]o durmió aquella noche, y cuando la primera luz definió el rectángulo de la ventana, ya estaba perfecto su plan”. La descripción de ese día se extiende a lo largo del tercer párrafo del cuento. El narrador también da a conocer los pensamientos de Emma, “[p]ensó que la etapa final sería menos horrible que la primera y que le depararía, sin duda, el sabor de la victoria…”. Se puede decir que en este primer nivel lo esencial es la historia contada en orden cronológico, pero también es importante remarcar que en este primer nivel los hechos parecen ser narrados de manera clara. En el que llamamos segundo nivel narrativo se encuentran pequeñas reflexiones y preguntas del narrador mientras cuenta la historia. Y es en este segundo nivel donde el narrador pone en crisis la veracidad del impulso de venganza de Emma. En estas digresiones se puede evidenciar un grado de subjetividad, es decir que el narrador no se limita solo a narrar lo ocurrido, sino que también tiene algo que decir al respecto. Por ejemplo, el momento en que Emma se entrega al acto sexual con el marinero, el autor hace una digresión y habla sobre los hechos graves que están fuera del tiempo. Este comentario deriva a su vez en una pregunta y  respuesta que marca claramente la presencia de un narrador que participa expresando su opinión respecto a los hechos. “[y]o tengo para mí que pensó una vez y que en ese momento peligró su desesperado propósito…”. Es precisamente en este fragmento donde el narrador asume una postura y pone en tela de juicio las razones por las que Emma se encuentra ahí. Esto se confirma cuando el narrador afirma “[…] más que la urgencia de vengar a su padre, Emma sintió la de castigar el ultraje padecido por ello”. Se puede ver que a medida que transcurre la narración el narrador plantea dudas sobre las verdaderas razones de Emma para cometer el crimen y estas dudas no se aclaran. En este texto hemos visto que el trabajo del narrado se realiza en dos niveles; un primero que se refiere a la historia de Emma Zunz y un segundo que pone en duda las razones por las cuales se llevan a cabo los hechos de la historia.

 (428 palabras)

CONSEJOS PARA LA REDACCIÓN DE UN PÁRRAFO DE INTERPRETACIÓN

  • Realizar un esquema de escritura previo al párrafo de opinión

Pasos a seguir:

  1. Título: Expresar en una frase el motivo del párrafo
  2. Señalar el tema analizado: el ejercicio tiene la finalidad de que el estudiante delimite su lectura en un aspecto del texto.
  3. Plantear una tesis: se busca que el estudiante interprete lo que podría significar el tema en el texto y así establecer nociones sobre dicho tema. Plantear una afirmación concreta.
  4. Plantear argumentos que justifiquen la tesis: El estudiante debe desarrollar una argumentación que sustenten la tesis. Los argumentos deben plantearse como afirmaciones concretas direccionadas a justificar la tesis.
  • Realizar un párrafo de interpretación

Estructura de presentación

  • Título
  • 1° Oración: Datos bibliográficos + resumen global del texto. Ejemplo: En el cuento “…” del escritor… se narra…
  • 2° Oración: Planteamiento de la tesis.
  • 3°- N°: Desarrollo de los argumentos:

Pasos a seguir:

Plantear el argumento

Señalar de donde se obtiene el argumento: utilización de citas o paráfrasis

Análisis e interpretación  

  • Última oración: Conclusión

Criterios de evaluación

  • La noción de esquema: se entiende un esquema como el esqueleto de un texto, por ende debe servir de base a partir de oraciones concretas y puntuales (no se presenta con el examen).
  • La noción de párrafo: un párrafo es un conjunto de oraciones que desarrollan una tesis. Un párrafo es una unidad, por ende no se utiliza punto y aparte. En un párrafo argumentativo se desarrolla solo una idea o afirmación: la tesis, sus argumentos y la conclusión (Idea principal + ideas secundarias + conclusión).
  • Las nociones de estructura: organización de las ideas.
  • Las nociones de coherencia y cohesión: existe un criterio reconocible que permite entender la jerarquía de las oraciones; todas las oraciones desarrollan la tesis.

Tema: el tema seleccionado tiene que estar presente, implícita o explícitamente, en todas las partes del texto para su mejor argumentación.

Tesis: no debe plantear aspectos que salgan del texto e intente explicar la realidad, tampoco enseñar mensajes ni consejos. La tesis se justifica a través del desarrollo de los argumentos.