Hacia la obra completa de Óscar Cerruto

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Hacia la obra completa de Óscar Cerruto  Tengo a cargo uno de los proyectos del Instituto de Investigaciones Literarias de la Carrera de Literatura de la UMSA que consiste en la publicación de un libro con los ensayos de Óscar Cerruto. Aunque creo que la palabra “ensayos” no corresponde con precisión a todos sus escritos sobre literatura y arte, voy a llamarlos así en esta lectura con el propósito de hacerme entender lo mejor que pueda. Con la publicación de los ensayos, sólo nos faltaría publicar sus dos obras de teatro para tener publicada así la obra completa de este importante escritor boliviano. Es conocido que desde muy joven, Cerruto fue publicando, además de sus poemas, este tipo de escritos en revistas y periódicos dentro y fuera del país. Aunque no estoy por completo seguro, creo tener hasta ahora recopilados todos los ensayos que Cerruto publicó en Bolivia y espero que, hasta fin de año, pueda tener los que publicó fuera. El transcurso del trabajo me permitió cambiar algo que pretendía en el inicio del proyecto: acompañar los ensayos de Cerruto con un pequeño estudio que reflexionara sobre el género en nuestro medio. Leyendo los periódicos en los que Cerruto fue publicando a lo largo de su vida me distraje y entusiasmé cotejando la nueva información que recogía con la información ya conocida y entonces mi primera intención se convirtió en algo menos pretencioso, que podría formularse así: “poner en duda algunas interpretaciones dando a conocer nueva información sobre el autor”. Creo que esto resulta más adecuado para el proyecto cuyo propósito principal es, como ya les dije, publicar un libro con los ensayos de Óscar Cerruto.

El trabajo con periódicos ha sido algo nuevo para mí. Antes estaba de acuerdo con lo que dice Borges a propósito de ellos, que mueren luego de 24 horas. Ahora en cambio creo que renacen y con más fuerza cuanto mayor es la distancia en el tiempo que los separa de la lectura. Yo que estoy acostumbrado a trabajar con libros de ficción, trabajando con periódicos me he sentido como si usurpara el trabajo de un historiador. Soy un lector desconfiado de la historiografía y aunque parezca paradójico me declaro un admirador del trabajo de don Gunnar Mendoza. En mis clases utilizo sus escritos no sólo para ilustrar lo que creo es el trabajo académico, de manera notable en el cumplimiento de sus protocolos de escritura, en especial en el uso de la paráfrasis, sino porque creo que la escritura de Gunnar Mendoza casi siempre nos hace conscientes y cuidadosos de las afirmaciones que hacemos sobre el mundo. Y entonces tratando de imitar el cuidado que él tiene toda vez que su escritura pretende convertirse en evidencia he intentado preguntarme –con todas las distancias con respecto de este notable escritor, por supuesto– sobre la información ya cristalizada de lo que, podría decirse, es la biografía de Óscar Cerruto.

En el proceso de mi investigación, me he dado cuenta de que la mayor parte de lo escrito sobre la vida de O. Cerruto tiene como referencia el libro “Provocaciones” de Alfonso Gumucio Dagrón, cuya primera edición es de 1977. Por lo que Gumucio Dagrón dice al inicio del libro, conformado por 14 entrevistas a igual número de escritores, se deduce que las respuestas de los entrevistados no fueron orales sino escritas. La bien planificada y cuidada respuesta de Cerruto se asemeja muy bien a lo que Pierre Bordieu llama “una historia de vida”, un “artefacto socialmente irreprochable” cuyos presupuestos serían ver “la vida” como “… un todo… coherente y orientado, que puede y debe ser aprehendido como expresión unitaria de una intención, subjetiva y objetiva, de un proyecto…” (6).

Nuestra propia experiencia permite darnos cuenta de que la vida escrita así, como un proyecto, no es sino un tipo de relato, una ficción que se desmorona con un simple cotejo con la complejidad de la realidad. Para ilustrar esta afirmación, me detengo en un solo momento de la vida de Cerruto; un momento que, creo, desarma ese “artefacto socialmente irreprochable” que es “su historia de vida” escrita por él mismo para la entrevista de Gumucio Dagrón. Una pequeña digresión explicativa: A partir de este momento de mi lectura e intentando ser consciente y cuidadoso con mis afirmaciones sobre la vida de Cerruto; les haré saber, remarcándolo, cuando éstas no sean sino sólo dudas.

Decía antes que me detengo en un momento de la vida de Cerruto, el momento es el de 1926, el año de su participación en el semanario comunista “Bandera Roja”. En la entrevista con Gumucio Dagrón, Cerruto no dice, o mejor, no escribe nada en absoluto de su paso por este semanario. Empieza el relato de su vida desde su infancia y cuando llega más o menos al tiempo de “Bandera Roja” cuenta lo siguiente: “En muchas materias conocía más que mis profesores, aunque ellos no lo supieron a causa de que siendo yo un adolescente solitario y tímido, me juzgaban inepto… Ingresé en la universidad para estudiar derecho… Abandoné la carrera y entré, por la puerta más pequeña, casi simultáneamente en el periodismo y en el servicio exterior. Fui corrector de pruebas en el diario La Razón, donde también comencé a escribir, y algo después auxiliar en el consulado de Bolivia en Arica.” (50)

Anoto mis dudas: Los ensayos de “La Razón” son de 1928. Cerruto “olvida” que su escritura comienza dos años antes, y nada menos que en “Bandera Roja”. Creo que está más cerca de la realidad Wálter I. Vargas que imagina a Cerruto, que por entonces está a punto de cumplir 14 años, diciéndole “…a su tía (con la que pasó su adolescencia) que está haciendo una tarea de lenguaje, mientras escribe una convocatoria a la revuelta proletaria”. (3)

Pero hay biógrafos y lectores que se esfuerzan en que esta historia de vida permanezca “socialmente irreprochable”, y lo hacen idealizando al joven revolucionario. Una manera sencilla de comprobarlo es leyendo los escritos que acompañan las nuevas ediciones de nuestro escritor; en ellos se muestra a un Cerruto invulnerable a las contradicciones, a un adolescente vacunado contra la edad del burro.

Otra vez mis dudas: Para nuestros arrebatos líricos, ya de izquierda o ya de derecha, buena cura sería recordar que nuestro autor inicia sus actividades literarias en un ala radical del comunismo y termina sus días como funcionario de Luis García Meza. Otra vez recurro a Borges: “Compruebo un hecho; no lo justifico o excuso”. (658)

Pero veamos con más detalle la participación de Cerruto en “Bandera Roja”: El 20 de septiembre de 1926 sale el número 16 de “Bandera Roja”. En dos páginas de tamaño tabloide hay un extenso artículo cuyo también extenso título es el que sigue: “Los incidentes producidos entre la Gerencia de Bandera Roja y sus colaboradores (Antecedentes y causales del retiro de éstos) (La verdadera ideología de los señores Carlos Mendoza, Rafael Reyeros y Óscar A. Cerruto) (Ambiciones personales e intrigas en juego) (Explicación necesaria al proletariado)”.

Aunque el artículo no lleva firma, se infiere que quien lo escribe es el Gerente Administrador, Felipe Reque Lozano. Según el artículo, en junio de 1926, Reque Lozano, dueño de un anterior periódico, “Ideal y Acción”, decide sustituirlo por otro de línea “netamente obrerista” al que va a llamar “Bandera Roja”. Con este fin solicita la ayuda de dos obreros y un estudiante. Los obreros rechazan la invitación arguyendo falta de tiempo y el estudiante, cuyo nombre es Carlos Mendoza, acepta y sugiere a su vez el ingreso de otros dos estudiantes: Óscar A. Cerruto y Julio Ordóñez. Aceptada la invitación, Cerruto sugiere a la vez invitar a otro estudiante: Rafael Reyeros. Así las cosas, el primer número de “Bandera Roja” sale a la luz pública en La Paz el 8 de junio de 1926. Cito una parte del artículo: “… se acordó designar comisiones y redactar un reglamento interno, según el cual, se reconoció al gerente, compañero Reque, el cargo de revisor y fiscalizador de originales, sin cuyo requisito no podrían ser pasados ellos a los talleres.”

Remarco mis dudas: De ser cierto lo que aquí se dice, Cerruto no es, como se ha venido repitiendo, uno de los creadores de “Bandera Roja”, pero sí una de las cinco personas que inician el periódico. Es muy probable que los colaboradores estén en la misma o cerca de la edad del poeta, es decir, 14 años.

Vuelvo al artículo: Reque Lozano informa que poco antes de publicar el número 7 de “Bandera Roja”, Cerruto y Reyeros le solicitan de manera reservada un salario de 15 Bs para cada uno y por cada número- publicado.- Informa también que él les da muestra a los solicitantes que, por no tener más ingresos que el que generan sus ventas, el semanario tiene un “crecido déficit” y que les manifiesta que le parece un acto de desigualdad pagarles sólo a ellos prescindiendo de los otros colaboradores. Anoto una duda: me pregunto si un comunista no tiene “necesidades”, más aún si está en etapa de crecimiento.

Cito el artículo: “Ante tales justificados reparos de la gerencia, los señores Cerruto y Reyeros, hicieron las siguientes proposiciones: Que tal asignación sería de carácter reservado, para evitar el reclamo de los otros…”. Anoto otra duda: ¿será que ciertas prácticas, ésta por ejemplo, que unos sean más iguales que otros, se globalizan sin necesidad de la internet? por los mismos años y a miles de kilómetros los camaradas soviéticos del joven comunista perfeccionaban esta práctica.

Cito el artículo: “… la fuente de ingreso para el pago de dichos haberes la proporcionarían ellos, mediante la contratación de avisos. Hicieron constar, además, en esa ocasión, la circunstancia –en verdad cierta– que los otros colaboradores no prestaban la ayuda necesaria a la gerencia, como lo hacían ellos. Pues, transcurrían temporadas largas, en que el camarada Ordóñez y el señor Mendoza no asomaban a la oficina de redacción, a pesar de que el segundo de éstos, se titulaba enfáticamente director de bandera roja, y se complacía y sentía halagado en su vanidad, al oírse llamar de tal en las reuniones y cantinas a que acudía, aún sin aportar con una sola línea en la mayor parte de los números aparecidos del periódico.” Pienso otra vez en mi duda anterior y añado algo más: la delación y la vanidad, típicas taras burguesas, a veces se cuelan en los revolucionarios, en especial cuando éstos acuden a las cantinas.

Una breve cita del artículo: “... la asignación correspondiente al N°9 no le fue pagada al señor Cerruto, en vista de no haber aportado colaboración alguna a dicho número.” Anoto esta vez una certeza: Sin el señor Cerruto, el número 9 de “Bandera Roja” es muy aburrido.

Vuelvo a citar el artículo: “Además, cabe hacer notar que el deseo de figuración de los señores Mendoza y Cerruto era visible, ya que este último, no considerando justo que su nombre figurase en segundo término, y arbitraria y furtivamente, antepuso a primer lugar su nombre, en la nómina de colaboradores…”. Otra vez mis dudas: ¿No son ya varios los datos que muestran esto que Reque Lozano llama deseo de figuración? Un ejemplo, el 12 de julio de 1926 Cerruto publica, todo en minúsculas, lo siguiente: “13 poetas de vanguardia realizan en breve una comida literaria en memoria de los poetas Leopoldo Lugones y José Santos Chocano (q.d.d.g) con cuyos cadáveres se enterró la musiquita de los versos anquilosados. ¿Pero es que hay 13 poetas de vanguardia que hacen honor a esta triste aldea de La Paz? Ya lo verá usted.”

Vuelvo a otra cita del artículo de Reque: “Dicho señor Mendoza tomó la revancha a su vez contra el señor Cerruto, anteponiendo su nombre, nuevamente, al de éste. Cerruto, en vista de tal hecho, se creyó ofendido y enfrió su colaboración al periódico, haciendo constar su protesta por tal hecho al gerente, quien manifestole que la ideología que se perseguía, no permitía deseos o ambiciones de figuración ni de lucro, como los que dicho señor Cerruto buscaba, lo cual se evidenciaba del hecho de haber publicado, aún contra toda corriente oposicionista, en la sección Panoramas de Izquierda, iniciada por él mismo, un juicio autobombístico sobre su personalidad, acompañando a la publicación de dicha cuasi autobiografía, su silueta mandada grabar en madera por él; así como al pretender a toda costa, figurar en primer término en la nómina de colaboradores”.

El primer escrito sobre literatura que lleva la firma de Cerruto es una reseña de un libro de cuentos titulado “El derecho de matar” y está fechado el 8 de junio de 1926, cinco días antes de que cumpliera 14 años. El autor firma como Óscar Alberto Cerruto. Lo que vendría a “problematizar” el que algún biógrafo lo llame Óscar Antonio, o quizás es una broma del adolescente comunista que dos años más tarde firmará Oskar con K. El libro que reseña es un libro de dos escritores peruanos, Serafín Delmar y la hoy conocida Magda Portal. La elogiosa reseña comienza así: “El derecho de matar es un libro de cuentos. Cuentos modernos. En el más amplio sentido de la palabra. Puesto que en ellos palpitan las corrientes revolucionarias de la hora actual. Sus autores –dos poetas de vanguardia– los han amasado con espíritu y carne de pueblo, espíritu enrojecido y carne sudosa y tiznada”. Es interesante comparar esta idealización de la “carne de pueblo”, “carne sudosa y tiznada” que hace el Cerruto adolescente con lo que recuerda el Cerruto maduro en la entrevista de Gumucio Dagrón: “… en el Colegio Nacional Ayacucho… mis condiscípulos, no todos, claro, me parecieron más bien sucios, de conducta y de cuerpo…” (50). En medio de las demás páginas de “Bandera Roja”, que pintan la bondad y solidaridad de los ángeles comunistas y la maldad y egoísmo de los demonios capitalistas, en página completa, además de “su silueta mandada grabar por él mismo”, Cerruto publica, me imagino como una muestra de reciprocidad socialista, un gran elogio que escribe Serafín Delmar y cuyo elogiado es el propio poeta. Leo el comienzo: “uno de los mejores descubrimientos que se ha hecho en Bolivia desde la época de Tihuanacu i en junio de 1926, un poeta… este poeta que quiere cumplir la misión que le ha confiado la raza se llama Oscar Cerruto…”.

Cito por última vez el artículo escrito por Reque Lozano, el creador del “Bandera Roja”: “El enfriamiento del entusiasmo del señor Cerruto fue mayor desde el número 13, en que dejó de percibir el salario estipulado, y que fue debido a la causal expuesta: falta de avisos… Prevenido como se hallaba el ánimo del señor Cerruto contra el compañero Reque, este rencor creció más, al saber la notificación de los propósitos de dicho compañero gerente a los colaboradores, y consistente en los siguientes puntos: 1. Retiro del señor Cerruto, del cuerpo de colaboradores…”.

Después de 15 números, Cerruto es despedido de “Bandera Roja”. Aunque quizás su ideología siga siendo la misma, en los siguientes cinco años su escritura, a través de sus colaboraciones en “La Razón” y “El Diario”, ha de volcarse por entero hacia la creación de poemas y la reflexión sobre la literatura y el arte. Si no interpreto mal, el año de 1931 será un momento de quiebre en la vida del poeta. La muerte del padre, el suicidio del hermano y la inminencia de la guerra apaciguarán las ínfulas del adolescente comunista. Pero esto es ya motivo de otra ponencia. Muchas gracias.

 

Bibliografía

Bordieu, Pierre. La ilusión biográfica (Cuadernos de Literatura No. 9). La Paz: Publicación de la Carrera de Literatura, 1998.

Borges, Jorge Luis. Obra Completa. Buenos Aires: Emece, 1979.

Bandera Roja (números del 1 al 16). La Paz, del 8 de junio al 20 de septiembre de 1926.

Gumucio Dagrón, Alfonso. Provocaciones (segunda edición). La Paz: Plural editores, 2006.

Vargas, Wálter I. “Cerruto centenario”, La Razón. La Paz: 11 de febrero de 2012.